Page 298 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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miedos invasores... Pero, a pesar de la vehemencia de
aquellos recuerdos, contemplaba los desayunos del gusano
con aire pensativo... quizá incluso hambriento.
Se sentía muy perturbado por esas sensaciones. Siempre
había sido desvergonzadamente cobarde respecto a las
drogas. Como estudiante había habido montones de
aromáticos cigarrillos de hierba, por supuesto, y de las risas
inanes que los acompañaban. Pero nunca había tenido
estómago para nada más fuerte. Aquellos rumores
incipientes de un nuevo apetito no hacían nada por acallar
sus miedos. No sabía lo adictiva que era la mierda onírica,
pero se negaba del plano a darse a aquellas débiles ascuas de
curiosidad.
La mierda onírica era para el ciempiés, solo para él.
Isaac canalizó su curiosidad de las corrientes sensuales a
las intelectuales. Solo conocía personalmente a dos
químicos, ambos gazmoños irredentos; tenía la misma
intención de hablarles sobre drogas ilegales que de bailar
desnudo por la medianera de la calle Tervisadd. Optó por
sacar el tema de la mierda onírica en las tabernas de peor
fama de los Campos Salacus. Resultó que varios de sus
conocidos la habían probado, y algunos eran consumidores
habituales.
No parecía tener un efecto distinto en cada raza. Nadie
sabía de dónde procedía, pero todos los que admitían usarla
alababan sus extraordinarios efectos. Lo único en lo que
todos estaban de acuerdo era en que era muy cara, cada vez
más. No obstante, ninguno dejaba el hábito. Los artistas en
particular hablaban de forma casi mística sobre la comunión
con otras mentes. Isaac se reía de aquellos comentarios,
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