Page 311 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Parte de esto es egoísta, ¿sabes? —siguió, con un
repentino humor sombrío—. Es decir, no quiero dedicarme a
unos experimentos y terminar con algo... no sé, con algo
asqueroso. Es demasiado arriesgado. Nos ceñiremos a la
crisis, ¿de acuerdo? Respecto a la cual, por cierto, tengo algo
que enseñarte.
Isaac quitó con delicadeza de las manos de Yagharek el
informe Sacramundi y lo devolvió a la estantería. Abrió el
cajón del escritorio negro y sacó su plano.
Lo situó frente a Yagharek, titubeó y lo retiró un poco.
—Yag, viejo —dijo—, tengo que estar seguro de que
hemos dejado eso atrás, ¿entiendes? ¿Estás... satisfecho?
¿Convencido? Si vas a enmierdarte con la Torsión, por el
amor de Jabber dímelo ahora y nos despedimos... con mis
condolencias.
Estudió el rostro del garuda con ojos preocupados.
—He oído tu plática, Grimnebulin —respondió tras una
pausa—. Yo... te respeto. —Isaac sonrió sin humor—.
Acepto cuanto dices.
Isaac comenzó a sonreír, y hubiera respondido de no ser
porque Yagharek miraba por la ventana con melancólica
quietud. Mantuvo el pico abierto largo rato antes de hablar.
—Nosotros los garuda conocemos la Torsión —hacía
amplias pausas entre las frases—. Ha visitado el Cymek. Lo
llamamos rebekh-lajhnar-h'k. —La palabra tenía la áspera
cadencia del iracundo canto de un pájaro. Yagharek miró a
Isaac a los ojos—. Rebekh-sackmai es Muerte: «la fuerza que
termina». Rebeck-kavt es Nacimiento: «La fuerza que
comienza». Fueron los primeros gemelos, nacidos del útero
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