Page 313 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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limpiadora  rota  con  un  destornillador  y  un  soldador.

            Mantenía un silbido sin sentido, un truco que no requería ni

            una fracción de su atención.

                El sonido de la conversación allá arriba le llegaba como el

            más leve murmullo de un bajo, salpicado por una ocasional

            voz cascada. Miró hacia la pasarela un instante, sorprendido

            ante aquella segunda voz, pero regresó rápidamente al asunto

            que lo ocupaba.

                Un breve examen de los mecanismos del motor analítico

            interno  de  la  máquina  le  confirmó  el  diagnóstico  básico.

            Aparte de los habituales problemas de articulaciones rotas,

            el óxido y los contactos gastados, propios de la edad y que

            podían arreglarse con facilidad, el constructo había contraído

            alguna  clase  de  virus.  Una  tarjeta  de  programas  mal
            introducida o un engranaje mal calibrado dentro del motor de

            inteligencia a vapor habían provocado que las instrucciones

            se retroalimentaran en un bucle infinito. Actividades que el

            constructo  nunca  hubiera  podido  llevar  a  cabo  de  forma

            refleja comenzaban a aparecer, en un intento por extraer más

            información  u  órdenes  más  complejas.  Bloqueada  por  las

            paradójicas  instrucciones  o  por  una  falta  de  datos,  el
            constructo se había paralizado.


                El ingeniero echó un vistazo a la pasarela de madera sobre

            él. Lo ignoraban. Sintió su corazón palpitar de emoción. Los

            virus  aparecían  en  una  variedad  de  formas.  Algunos

            simplemente bloqueaban el funcionamiento de la máquina.

            Otros hacían que los mecanismos realizaran tareas extrañas
            y sin sentido, resultado de un nuevo programa de órdenes

            creado a partir de información básica. Y en otras ocasiones,

            de  las  cuales  aquella  era  un  ejemplo  perfecto,  hermoso,




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