Page 324 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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viejo» —añadió formal. Los dos rieron. Isaac se acercó y se
sentó en los peldaños. Vio a David metiendo algunas bolas
de coque concentrado en la pequeña caldera del constructo,
un eficaz modelo de triple intercambio. Después cerró la tapa
y pasó el pestillo, buscó en la parte superior de la cabeza del
constructo y llevó la palanca a la posición de encendido.
Se produjo un siseo y un leve quejido cuando el vapor
comenzó a llenar las tuberías, dando vida poco a poco al
motor analítico del constructo. La limpiadora se sacudió
espasmódica y quedó apoyada contra la pared.
— Se calentará enseguida —dijo David con satisfacción,
metiendo las manos en los bolsillos—. ¿En qué andas
metido, Isaac?
—Sube aquí —respondió el otro—. Quiero enseñarte algo.
Cuando David vio el capullo suspendido, rió brevemente
y se llevó las manos a las caderas.
— ¡Jabber! ¡Es enorme! Cuando rompa el cascarón, yo me
largo a buscar refugio.
— Sí, bueno, en parte por eso te lo enseño, para que tengas
los ojos abiertos para la apertura. Tienes que ayudarme a
clavarlo con alfileres a una caja. —Los dos sonrieron.
Desde abajo llegó una serie de petardazos, como el del
agua abriéndose paso por una conducción atorada. Se
produjo un leve siseo de pistones. Isaac y David se miraron
un momento, perplejos.
—Parece que la limpiadora se lo está tomando en serio —
dijo David.
En los cortos y delgados derroteros de cobre y bronce que
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