Page 327 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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artículos sobre el diseño de programas aumentaron la
eficiencia y la capacidad de proceso de las propias válvulas
e interruptores que los generaban.
David e Isaac hablaban arriba y torcían el gesto o sonreían
ante los patéticos sonidos que el constructo no tenía más
remedio que hacer.
El flujo de datos prosiguió, transfiriéndose primero desde
el voluminoso conjunto de tarjetas de programas del técnico
a la caja de memoria con su suave zumbido, o convirtiéndose
en instrucciones en un procesador activo. El flujo proseguía
sin control como una inagotable riada de instrucciones
abstractas, nada más que la combinación de síes y noes, pero
en tal cantidad, tal complejidad, que se aproximaban a
conceptos.
Al final, en un determinado punto, la cantidad se trocó
calidad. Algo cambió en el cerebro del constructo.
Donde antes había una máquina de cálculo que trataba
desapasionada de soportar el chorro de datos, algo metálico
se sacudió en aquella sopa y sonó un conjunto de válvulas
que no habían recibido instrucciones de tales números. El
motor analítico generó por su cuenta un bucle de datos. El
procesador reflexionó sobre su creación con un siseo de
vapor de alta presión.
Antes había una máquina de cálculo.
Ahora pensaba.
Con una extraña y alienígena consciencia de cálculo, el
constructo reflexionó sobre su propio reflejo.
No sentía sorpresa, ni alegría, ni furia, ni horror
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