Page 320 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Yagharek señaló la jaula con una mirada dubitativa.
—Sí—dijo—. ¿Pero qué hace?
Isaac frunció el ceño y observó la caja de madera. La había
movido de modo que no diera a las ventanas, lo que
significaba que el interior estaba oscurecido y no se veía
bien. Entrecerró los ojos para distinguir mejor.
La enorme criatura se había arrastrado hacia la esquina
más lejana de la jaula, y de algún modo había conseguido
escalar por la madera áspera. Allí, con alguna clase de
adhesivo orgánico exudado por el ano, se había suspendido
de la parte alta de la caja. Estaba allí colgado, como un
pesado péndulo, balanceándose y palpitando ligeramente,
como una media llena de barro.
Isaac siseó, con la lengua entre los dientes.
La bestia había tensado sus patas gruesas, doblándolas
todo lo posible hacia su vientre. Mientras los dos observaban,
se curvó alrededor del centro y pareció besar su propia cola,
relajándose lentamente hasta que colgó de nuevo como un
peso muerto. Repitió el proceso. Isaac señaló hacia la
penumbra.
—Mira —dijo—. Está embadurnándose con algo.
Allá donde la boca del ciempiés tocaba la carne, dejaba
brillantes filamentos de imposible finura que se estiraban
tensos al apartar la boca y se adherían a la zona del cuerpo
que tocaban. El vello de la zona trasera de la criatura se había
pegado contra el cuerpo y parecía humedecido. El enorme
gusano se cubría lentamente con una seda traslúcida, desde
abajo hasta arriba.
Isaac se enderezó poco a poco y miró a Yagharek a los
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