Page 326 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La información codificada se acumulaba dentro de las
limitadas neuronas ceceantes, alimentada en la idiota
recursión del virus antes de ser tejida a partir de los nuevos
datos. El virus floreció. El estúpido motor de su básico y
mudo circuito cobró velocidad y generó unos capullos de
nuevo código vírico en una espiral de fuerza centrífuga
binaria que alcanzaron todos los rincones del procesador.
Cada uno de los circuitos víricos subsidiarios repitió el
proceso hasta que las instrucciones y los datos de los
programas espontáneos inundaron cada senda de aquella
limitada máquina de cálculo.
El constructo permanecía en su esquina, sacudiéndose y
zumbando levemente.
En lo que había sido un insignificante rincón de su mente
de válvulas, el virus original, la primera combinación de
datos corruptos y referencias sin sentido que había afectado
a la capacidad del constructo para barrer el suelo, aún
mutaba. Era el mismo, pero transformado. Ya no era un fin
destructivo, sino que se había convertido en un medio, un
generador, una potencia de motivación.
Pronto, muy pronto, el motor central de proceso del
cerebro mecánico estuvo girando y chasqueando a plena
capacidad. Ingeniosos mecanismos entraron en
funcionamiento ante la orden de los nuevos programas
cargados en las válvulas analógicas. Secciones de capacidad
analítica normalmente dedicadas al movimiento y a
funciones de seguridad y apoyo se plegaron sobre sí mismas
y doblaron su capacidad al quedar la misma función binaria
investida con dobles significados. La inundación de datos
alienígenos fue desviada, que no frenada. Asombrosos
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