Page 319 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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volar. Las alas cansadas serán un problema al que nunca
tendrás que enfrentarte.
Ante aquella afirmación se produjo un silencio
preocupado. Para alivio de Isaac, Yagharek no pareció haber
notado el desafortunado doble sentido. El garuda pasaba la
mano por el papel, maravillado y hambriento. Murmuró algo
en su propia lengua, un canturreo bajo, gutural.
Alzó la mirada.
— ¿Cuándo construirás este artefacto, Grimnebulin?
—Bueno, necesito preparar un prototipo para probarlo,
refinar las matemáticas, etc. Supongo que me llevará una
semana o así montar algo. Pero aún estamos empezando,
recuerda. Solo empezando. —Yagharek asintió rápidamente
y apartó la advertencia con un gesto—. ¿Estás seguro de que
no quieres quedarte aquí? ¿Sigues vagando por las calles
como un fantasma, para saltar sobre mí cuando menos me lo
espero? —preguntó Isaac, irónico.
Yagharek asintió.
—Por favor, avísame cuando tus teorías avancen,
Grimnebulin. —Isaac rió ante la educación de la petición.
—Sin duda, viejo, tienes mi palabra. En cuanto las viejas
teorías avancen, lo sabrás.
Yagharek se giró con rigidez y se acercó a las escaleras.
Mientras se volvía para despedirse, reparó en algo. Se quedó
quieto un instante antes de caminar hasta el otro extremo de
la pasarela. Señaló la jaula que contenía el colosal gusano.
—Grimnebulin. ¿Qué hace tu ciempiés?
—Lo sé, lo sé, crece como un cabrón, ¿a que sí? —
respondió Isaac, acercándose—. Menudo hijo de puta, ¿eh?
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