Page 341 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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giró lentamente y revisó toda la nave. Silencio. Se detuvo,
con el ceño fruncido, observando la puerta principal. Se
preguntó si el sonido habría llegado desde fuera.
En el espejo junto a la puerta se reflejó un movimiento.
Un ser oscuro se alzó del suelo en lo alto de las escaleras.
Lublamai habló, emitió algún ruido trémulo de
incredulidad, de miedo, de confusión, pero este se disipó en
la nada tras un mero instante. Observó el reflejo con la boca
abierta.
El ente se desplegó como si floreciera. Era una expansión
tras el encierro, como la de un hombre o una mujer
levantándose y extendiendo los brazos después de dormir en
posición fetal, pero multiplicada en su vastedad. Era como si
los miembros indistintos de aquella cosa se articulasen un
millar de veces, de modo que pudieran plegarse como una
escultura de papel, incorporándose y extendiendo brazos, o
piernas, o tentáculos, o colas que se abrían y abrían sin parar.
Aquel ser, que había estado agazapado como un perro, se
incorporaba y se desarrollaba, alcanzando casi el tamaño de
un hombre.
Teparadós chilló. Lublamai abrió la boca aún más y trató
de moverse. No podía ver su forma, solo su piel oscura y
reluciente, y las manos, cerradas como las de un niño.
Sombras frías. Ojos que no lo eran. Pliegues y protuberancias
y tesos orgánicos, como colas de rata, que se agitaban y
retorcían como si acabaran de morir. Y fragmentos de hueso
incoloro, del tamaño de dedos, que brillaban blanquecinos y
se separaban rezumantes para mostrar que eran dientes...
Y mientras Teparadós trataba de superar a Lublamai y este
pugnaba por gritar, sus ojos aún clavados en la criatura del
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