Page 345 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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aire. La criatura giró, batiendo lánguidamente,
desplazándose por el firmamento con la torpeza caótica de la
mariposa. A su paso dejaba corrientes de aire y sudor y otras
exudaciones afísicas.
La criatura aún se estaba secando.
Estaba exaltada. Lamió el aire fresco.
La ciudad se ulceraba como el moho bajo ella. Un
palimpsesto de impresiones sensoriales la envolvió por
completo: sonidos y olores y luces que se filtraban en la
mente oscura en una oleada sinestética, una percepción
alienígena.
Nueva Crobuzon emanaba el rico aroma de la presa.
Se había alimentado, se había saciado, pero la
superabundancia de comida la confundía, gloriosa, y
babeaba y gruñía, apretando sus enormes dientes con frenesí.
Descendió. Las alas batieron y temblaron al caer sobre las
lóbregas callejuelas. Su corazón de predador le advertía que
debía evitar las grandes manchas de luz que se arracimaban
irregulares por la ciudad y buscar los lugares más oscuros.
Lamió el aire con la lengua y, al encontrar algo de alimento,
descendió con caóticas acrobacias sobre la sombra de los
ladrillos. Aterrizó como un ángel caído en un retorcido
callejón sin salida, donde una prostituta y su cliente follaban
contra la pared. Sus espasmos inconexos remitieron al sentir
al ser a su lado.
Los gritos fueron breves. Cesaron de inmediato en cuanto
la criatura extendió las alas.
Cayó sobre ellos con ansiosa avaricia.
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