Page 349 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de atónita confusión cuando su hermano cautivo reaccionó
ante su presencia. Entonces, su nebulosa tristeza se inflamó
apasionada: súplicas, y alegría, y demandas de libertad, y
entre todo ello, frías y exactas instrucciones sobre cómo
hacerlo.
La criatura se acercó al borde del tejado y descendió con
un movimiento a medio camino entre el vuelo y la escalada,
hasta quedar colgada del borde exterior de una ventana
cegada, a catorce metros sobre el suelo. El cristal estaba
pintado de negro. Vibraba de forma imperceptible en una
dimensión mística, sacudido por las emanaciones del
interior.
El ser sobre el alféizar tanteó un momento con los dedos,
antes de arrancar el marco con un rápido movimiento
dejando una fea herida allá donde había estado la ventana.
Dejó caer el cristal con un estruendo catastrófico y entró en
el oscuro ático.
El lugar era grande y pelado. A través de la estancia,
cubierta de basura, percibió una glotona oleada de
bienvenida y advertencia.
Al otro lado del recién llegado había cuatro de los suyos.
Él quedaba empequeñecido por ellos, cuya magnífica
economía de miembros le hacía parecer achatado, jorobado.
Estaban encadenados a la pared con enormes bandas de
metal alrededor del diafragma y de varios de sus apéndices.
Todos tenían las alas completamente extendidas, apretadas
contra la pared. Todas ellas eran tan únicas y aleatorias como
las del recién llegado. Bajo cada uno de los cuartos traseros
había un cubo.
Un instante de advertencia dejó claro a la nueva criatura
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