Page 348 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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fuerte, mucho más fuerte, a la sombra del gran esqueleto.

                Probó a descender. Se acercó tanteando, desde el norte y

            el este. Volaba  bajo y rápido, por debajo  de los raíles

            elevados que se extendían desde la torre de la milicia de la

            Colina Mog, hacia la de Chnum. Seguía a un tren de la línea

            Dexter que se dirigía al este, planeando bajo sus repugnantes

            termales. Después trazó un largo arco alrededor de la torre

            de la Colina Mog y sobre el extremo septentrional de la zona

            industrial  de  Ecomir.  Descendió  hacia  el  tren  elevado  del

            Barrio Oseo, apretando los dientes ante la influencia de las
            Costillas, pero arrastrado hacia el sabor de sus congéneres.


                Volaba de un tejado a otro, colgando su lengua obscena

            mientras  los  rastreaba.  A  veces,  las  corrientes  provocadas

            por sus alas hacían que un viandante alzara la cabeza, pues
            los sombreros y papeles volaban por las calles desiertas. Si

            veían la forma oscura que acechaba un instante sobre ellos

            antes de desaparecer, sentían un escalofrío y se apresuraban,

            o fruncían el ceño y negaban lo que habían visto.

                El ser dejó que su lengua colgara mientras tanteaba con

            cuidado el aire. La usaba como hacía un perro de presa con

            su  hocico.  Pasó  sobre  el  ondulado  paisaje  de  tejados  que

            parecía aplastado por las costillas y lamió aquel débil rastro.


                Después cruzó el aura de un gran edificio bituminoso en

            una calle desierta, y su larga lengua se agitó como un látigo.
            Aceleró, ascendiendo y descendiendo en un elegante arco

            hacia  el  edificio  embreado.  Aterrizó  en  la  esquina  más

            alejada,  de  cuyo  techo  se  filtraban  las  sensaciones  de  los

            suyos, rezumando como la salmuera en una esponja.

                Se acomodó sobre la pizarra, flexionando sus miembros

            peculiares. Recibía sentimientos solícitos, y tuvo un instante



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