Page 352 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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periferia de su percepción se tornaba inevitable campo
cambiante; el hombre sucumbió, dejando caer los ojos ante
el cambio violento de las alas, boquiabierto y trémulo. Su
brazo-cañón apuntó al suelo.
Con un chasquido de carne, la criatura libre cerró la puerta.
Se situó junto a los cuatro hombres hechizados, babeantes e
indefensos. La demanda de uno de los cautivos interrumpió
su hambre de forma humillante. Se acercó a las víctimas y
las giró, encarándolas con las cuatro polillas atrapadas.
Se produjo un breve instante en el que los hombres ya no
contemplaban las alas, en el que la mente trató de liberarse
por un segundo, pero entonces el asombroso espectáculo de
los cuatro juegos de patrones hipnóticos les arrebató
violentamente la razón, condenándolos. Ahora a su espalda,
el intruso acercó a cada hombre a uno de los seres
encadenados, que extendían ansiosos los cortos miembros
que les quedaban libres para apresar a sus víctimas.
Las criaturas se alimentaron.
Una de ellas consiguió hacerse con las llaves en el cinturón
de su comida, y se las arrancó. Cuando hubo terminado de
sorber, introdujo con movimientos delicados la llave en la
cerradura del candado que lo constreñía.
Necesitó de cuatro intentos (sus dedos aferraban un objeto
desconocido y lo retorcían desde un ángulo extraño), pero
logró liberarse. Se volvió hacia cada uno de sus compañeros
y repitió el lento proceso, hasta que todos los cautivos fueron
liberados.
Uno tras otro, se acercaron a la ventana rota. Se detuvieron
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