Page 347 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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lucios. La criatura aleteaba a su lado mientras los artefactos
viraban, invisible para todos salvo para el ingeniero
ocasional que no informaría de su descubrimiento, sino que
trazaría un signo religioso y pediría protección a Solenton.
Atrapado por la corriente, por la marea de sensaciones
procedente de la estación de Perdido, el ser volador se dejó
atrapar y se alzó hasta encontrarse muy, muy por encima de
la ciudad. Viró lentamente con un movimiento de las alas y
se encaró con su nuevo destino.
Reparó en las sendas del río. Sentía la fuga de distintas
energías desde las diversas zonas urbanas. Percibía la ciudad
en un parpadeo de modos diferentes. Concentraciones de
comida. Refugio.
La criatura buscaba otra cosa. A otros de su especie.
Era social. Tras nacer por segunda vez lo hizo con el ansia
de la compañía. Desenrolló la lengua y saboreó el aire
grasiento en busca de algo como él.
Tembló.
Leve, muy levemente, pudo sentir algo en el este. Podía
saborear la frustración. Sus alas vibraron comprensivas.
Giró de nuevo y deshizo el camino por donde había
venido. Esta vez se desplazaba un poco hacia el norte,
pasando sobre los parques y los elegantes edificios de Gidd
y Prado del Señor. Las enormidades fragmentadas de las
Costillas se alzaban extraordinarias al sur, y el ser volador
tuvo una sensación de malestar, una ansiedad al reparar en
aquellos huesos amenazadores. El poder que resudaban no
era de su agrado. Pero esa inquietud pugnó con la profunda
simpatía codificada hacia los suyos, cuyo sabor se hizo más
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