Page 353 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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y apoyaron sus músculos atrofiados contra el ladrillo,
desplegaron las enormes alas y se lanzaron fuera, alejándose
del enfermizo y seco éter que parecía rezumar de las
Costillas. El último en partir fue el recién llegado.
Voló detrás de sus camaradas, que, aun exhaustos y
torturados, eran más rápidos de lo que él podía permitirse.
Esperaban trazando círculos, cientos de metros más arriba,
extendiendo su consciencia, flotando sobre los sentidos e
impresiones que brotaban a su alrededor.
Cuando el humilde liberador los alcanzó, se separaron un
poco para hacerle un hueco. Volaron juntos, compartiendo lo
que sentían, lamiendo el aire lascivos.
Vagaron como había hecho el primero, hacia el norte,
hacia la estación de la calle Perdido. Rotaban lentamente,
cinco como las cinco líneas férreas de la ciudad, soliviados
por la profana presencia urbana bajo ellos, un fecundo lugar
como nunca antes había experimentado otro de los suyos. Se
mecieron sobre él, aleteando, sacudidos por el viento,
sintiendo hormigueos por los sonidos y la energía de la
ciudad rugiente.
Allá donde fueran, en todas las zonas de la conurbación,
en cada puente oscuro, en cada mansión de quinientos años,
en cada retorcido bazar, en cada grotesco almacén, torre y
embarcadero de hormigón, en cada barrio mísero, en cada
parque mimado, en todas partes abundaba el alimento.
Era una jungla sin predadores. Era un terreno de caza.
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