Page 350 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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que no era posible deshacerse de aquellas bandas. Uno de los
encadenados a la pared siseó a la frustrada criatura,
obligándole imperioso a prestar atención. Se comunicaba
con chirridos psíquicos.
El nuevo y diminuto ser se retiró, como le habían
ordenado, y aguardó.
En el plano sonoro sencillo, los gritos llegaban desde el
lugar en el que se había estrellado la ventana. Se produjo un
murmullo confuso dentro del edificio. Desde el corredor más
allá de la puerta llegó el ruido de pies corriendo. Caóticos
trozos de conversación se abrieron camino a través de la
madera.
«...dentro...»
« ¿...entrado?»
«...espejo, no...»
La criatura se alejó un poco más de sus congéneres
apresados y se ocultó en las sombras al otro lado de la
estancia, más allá de la puerta. Plegó las alas y aguardó.
Alguien descorrió los cerrojos al otro lado. Tras un
momento de duda, la puerta se abrió y cuatro hombres
armados entraron en rápida sucesión. Ninguno miraba a las
criaturas atrapadas. Dos portaban pesadas armas de pedernal,
preparadas y dispuestas. Dos eran rehechos. En la mano
izquierda sujetaban pistolas, pero del hombro derecho
sobresalían enormes cañones metálicos, abiertos en el
extremo como trabucos. Estaban fijados en una posición que
apuntaba directamente hacia su espalda. Los apuntaron con
cuidado y miraron los espejos suspendidos de sus cascos de
metal. Los dos con rifles convencionales también portaban
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