Page 423 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 423

secundario contra un periódico sedicioso en la Perrera.

                Ya era tarde cuando Derkhan llegó, disfrazada como era

            costumbre, a las calles empapadas al sureste de la ciudad.

            Había llovido; gruesas gotas se deslizaban como animales

            putrefactos  sobre  los  escombros  del  callejón.  La  entrada

            estaba bloqueada, de modo que Derkhan tuvo que entrar por

            el  portal  bajo  a  través  del  cual  se  arrojaba  la  carne  y  los

            animales.  Se  había  sujetado  como  podía  a  las  ruidosas

            piedras, colgando sobre la sala de los matarifes, manchada

            por el excremento y la sangre de miles de animales aterrados
            y se dejó caer sobre la sanguinolenta oscuridad del matadero.


                Se había arrastrado sobre la cinta transportadora destruida,

            y arañado con los ganchos de carne que cubrían el suelo. La

            mucosa capa rojiza sobre la que pisaba era fría, pegajosa.

                Se había abierto paso por las piedras arrancadas de sus

            paredes, por las escaleras en ruinas, hacia el cuarto de Ben,

            en el centro de la destrucción. El camino estaba pavimentado

            de  maquinaria  de  imprenta  tronchada  y  desmenuzada,  de
            trozos quemados y humeantes de ropa y papel.


                El cuarto en sí era poco más que una oquedad cubierta de

            escombro. Los pedazos de albañilería habían acabado con la

            cama.  La  pared  entre  el  dormitorio  de  Ben  y  la  imprenta

            secreta había sido destruida casi por completo. La lánguida

            mollizna  estival  había  estado  cayendo  desde  la  claraboya
            desintegrada sobre el esqueleto fracturado de la imprenta.


                Su  rostro  se  endureció.  Había  buscado  con  fervorosa

            intensidad. Había desenterrado pequeñas pruebas, pequeños

            indicios  de  que  allí,  alguna  vez,  había  vivido  un  hombre.
            Ahora los sacó del bolso y los situó en la mesa frente a Umm

            a Balsum.



                                                           422
   418   419   420   421   422   423   424   425   426   427   428