Page 457 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
P. 457
media luna.
— ¿Es usted nuevo en nuestro establecimiento? —
preguntó—. ¿Tiene cita?
—Tengo reservada la habitación diecisiete a las nueve en
punto. Orrel —dijo David. La mujer enarcó ligeramente las
cejas e inclinó la cabeza. Consultó el libro que tenía enfrente.
—Ya veo. Llega... —consultó el reloj de la pared—. Llega
diez minutos antes, pero ya puede ir subiendo. ¿Conoce el
camino? Sally le está esperando. —Levantó la mirada y le
lanzó un (horrendo, monstruoso) guiño cómplice y una
sonrisa. David se sintió asqueado.
Se alejó rápidamente de ella y se dirigió hacia las
escaleras.
Su corazón comenzó a acelerarse mientras subía, y al
emerger al largo pasillo en lo alto de la casa. Recordó la
primera vez que acudió a aquel lugar. La habitación
diecisiete estaba al final del pasillo.
Se dirigió hacia ella.
Odiaba aquella planta. Odiaba el papel, lleno de ligeras
ampollas, el olor peculiar que emanaba de los cuartos, los
sonidos provocadores que flotaban a través de los tabiques.
Casi todas las puertas estaban abiertas, por convención. Las
cerradas estaban ocupadas por jugadores.
La de la habitación diecisiete estaba cerrada, por supuesto.
Era una excepción a las reglas de la casa.
David avanzó lentamente por la hedionda alfombra y se
aproximó a la primera puerta. Por misericordia, estaba
cerrada, pero la hoja de madera no lograba contener los
ruidos: gritos apagados, intermitentes; el crujido del látigo
456

