Page 459 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sentenciados a cualquier otra reconstrucción, solo para verse
alterados en las fábricas de carne según extraños designios
carnales para ser vendidos como chaperos y madamas. Era
un rentable negocio secundario para los biotaumaturgos del
estado.
El tiempo se estiró enfermizo en aquel corredor infinito,
como la melaza rancia. En cada puerta, en cada parada a lo
largo del camino, David no podía evitar echar un vistazo al
interior. Deseaba apartarse, pero sus ojos no se lo permitían.
Era como un jardín de pesadillas. Cada sala contenía una
flor carnal única, un capullo de tortura.
Pasó frente a cuerpos desnudos cubiertos de pechos como
los pesos de las balanzas; monstruosos torsos de cangrejo
con núbiles piernas femeninas en ambos extremos; una
mujer que lo observaba con ojos inteligentes sobre una
segunda vulva, su boca una raja vertical con húmedos labios,
un eco carnal de su otra vagina entre las piernas abiertas. Dos
muchachos pequeños que observaban atónitos sus falos
descomunales. Una hermafrodita con múltiples manos.
Se produjo un golpe dentro de la cabeza de David. Se
sentía confundido por el horror, exhausto.
La sala diecisiete estaba frente a él. No se dio la vuelta.
Imaginó los ojos de los rehechos a su espalda, sobre él,
observándolo desde sus prisiones de sangre, hueso y sexo.
Llamó a la puerta. Después de un instante, oyó la cadena
retirarse desde dentro y la hoja se abrió un poco. David entró
alzando la cabeza, dejando el vergonzante corredor dentro de
su propia corrupción privada. La puerta se cerró.
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