Page 52 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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sustancias, y hacía todo lo posible por asegurarse dinero para
drogas; pero aquello no tenía el aspecto de un timo. No
parecía haber doblez: había alguien rico en Nueva Crobuzon
dispuesto a pagar por su obra, y a darle a él una comisión.
Lo había arrastrado fuera del bar, entre gemidos y quejas
consternadas, exigiéndole que le dijera qué sucedía. Al
principio, Gazid se mostró circunspecto y pareció estar
pensando en qué mentiras escupirle. No tardó en darse cuenta
de que tenía que decirle la verdad.
—Hay un tipo al que compro de vez en cuando —
comenzó, inseguro—. Bueno, pues tenía las muestras de tus
estatuas por ahí... vamos, en la estantería, cuando llegó, y le
encantaron, y quería quedarse con un par, y... bueno, y le
dije, «vale». Y entonces, un poco después, me dijo que se las
enseñó al tipo que le vende a él las cosas que a veces yo le
compro, que se las enseñó a su jefe, y este se las pasó al
jefazo, al que le va mucho el arte, y que el año pasado compró
algo de Alexandrine, y le gustaron, y quiere que le hagas una
escultura.
Lin tradujo aquel lenguaje evasivo.
« ¿El jefe de tu camello quiere que trabaje para él?»,
escribió.
—No, cono, Lin, no es así... es decir, bueno... —Gazid
hizo una pausa—. Bueno, sí —acabó patético—. Solo que...
que quiere reunirse contigo. Si te interesa, tienes que verlo.
Lin sopesó la oferta.
Sin duda, se trataba de una idea emocionante. A juzgar por
la tarjeta no se trataba de un estafador de poca monta, sino
de un pez gordo. Lin no era idiota, y sabía que aquello podía
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