Page 525 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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consideró  su  punto  débil.  Pero  había  subestimado  las

            defensas de los soldados. La portezuela se agrietó de forma

            violenta y espectacular y se cubrió por completo de astillas,

            polvo de vidrio y grietas, pero disponía de una estructura
            interna de alambre de cobre, y resistió. El soldado trastabilló

            antes de recuperar su posición.


                El oficial del aguijón se movía como un experto.

                Volteó  los  dos  brazos  al  mismo  tiempo  con  grandes

            curvas, activó los pequeños interruptores de los mangos de

            madera que permitían a los cables deslizarse a su través y se

            liberó. La inercia de las hojas giratorias las arrojó por el aire

            en un destello gris metálico.

                El cable se desenrolló casi sin fricción desde el interior de

            la caja y se deslizó a través del aire y los mangos de madera.

            El vuelo curvo era absolutamente certero. Los pesos afilados

            trazaban  un  largo  movimiento  elíptico  y  reducían  la

            curvatura rápidamente al tiempo que los cables que los unían

            al aguijón se extendían.

                Los racimos de hojas de acero golpearon simultáneamente

            los  dos  costados  del  pecho  de  Derkhan,  que  gritó  y

            trastabilló, apretando los dientes mientras la pistola caía de

            sus dedos espasmódicos.

                Al instante, el oficial soltó el bloqueo de su aguijón para

            liberar el mecanismo dormido.


                Se produjo un zumbido balbuciente, y el carrete escondido
            del  motor  comenzó  a  desenrollarse  girando  como  una

            dinamo  y  generó  oleadas  de  extraña  corriente.  Derkhan

            danzó convulsa, lanzando agónicos alaridos tras los dientes

            apretados.  Pequeñas  descargas  de  luz  azulada  explotaban

            como restallidos desde su pelo y sus dedos.


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