Page 528 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Isaac vio a los soldados alzar la mirada y conferenciar
unos instantes. Entonces, uno de ellos levantó
cuidadosamente su rifle y apuntó a Yagharek.
— ¡Abajo, Yag! —gritó—. ¡Quieren matarte!
El garuda echó cuerpo a tierra, lejos de la vista del asesino.
No hubo manifestación repentina, ni piel de gallina, ni
vastas figuras merodeadoras. Lo único que sucedió fue que
la voz de la Tejedora apareció en el oído de Rudgutter.
...he atado invisible enmarañados alambres de cielo y
deslizo mis piernas extensas para-tara en hez psíquica de
destructores de la telaraña son criaturas infectas toscas grises
susurro qué sucede señor alcalde este lugar tiembla...
Rudgutter dio un respingo. Lo que me faltaba, pensó.
Replicó con voz firme.
—Tejedora —comenzó. Stem-Fulcher se volvió hacia él
con mirada afilada, curiosa—. Qué agradable tenerte entre
nosotros.
Es demasiado imprevisible, pensó Rudgutter furioso.
Ahora no, joder, ¡ahora no! Lárgate a perseguir a las
polillas, vete de caza... ¿qué estas haciendo aquí? La
Tejedora le sacaba de quicio y era peligrosa, y Rudgutter
había asumido un riesgo calculado al procurarse su ayuda.
Pero un cañón roto seguía siendo un arma letal.
Había pensado que la gran araña y él habían llegado a una
especie de arreglo, al menos hasta el punto en que esto era
posible con la Tejedora. Kapnellior le había ayudado. La
textorología era un campo experimental, pero había
reportado algunos frutos. Había métodos de comunicación
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