Page 592 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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los niños, nunca se había encontrado a uno.
Muchos en Nueva Crobuzon creían que, si alguna vez
habían existido en la ciudad, habían desaparecido.
A la sombra de sus inmóviles anfitriones, las colas de los
manecros se deslizaban las unas sobre las otras, sus pieles
lubricadas por la sangre espesa. Se arrastraban como una
orgía de formas de vida menores.
Compartieron información. Rescue les dijo lo que sabía y
dio órdenes. Repitió a los suyos lo que Rudgutter había
dicho. Explicó de nuevo que el futuro de su raza también
dependía de la captura de las polillas. Les contó cómo
Rudgutter le había expuesto con delicadeza que las buenas
relaciones entre el gobierno y los manecros de Nueva
Crobuzon estaban atadas a su voluntad para contribuir en
aquella guerra secreta.
Los manecros departían en su rezumante lenguaje táctil,
debatiendo hasta llegar a conclusiones.
Tras dos, tres minutos, se retiraron con pesadumbre y se
enterraron de nuevo en las heridas abiertas en sus anfitriones.
Cada cuerpo se sacudió al reinsertarse la cola. Los ojos
parpadearon, las bocas se cerraron de golpe. Los pantalones
y bufandas volvieron a su lugar.
Como habían dispuesto, se separaron en cinco parejas,
cada una formada por un manecro derecho, como el de
Rescue, y uno izquierdo. El propio Montjohn fue emparejado
con el perro.
Dio unos pasos sobre los matorrales y cogió una gran
bolsa. De ella sacó cinco cascos con espejos, cinco antifaces
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