Page 596 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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formaba el firme del vertedero. Las raíces proporcionaban su
tenacidad, extendiéndose en busca de cualquier nutriente,
por vil que fuera.
Como exploradores en tierras antiguas, se abrían paso
empequeñecidos por las enormes esculturas de hez y
entropía que los rodeaban como las paredes de un cañón.
Las ratas y otras sabandijas emitían pequeños sonidos.
Isaac y los demás avanzaban lentamente en la noche
tórrida, en el aire hediondo de despojos industriales.
— ¿Qué estamos buscando? —preguntó Derkhan.
—No lo sé —respondió Isaac—. Ese condenado
constructo dijo que encontraríamos el camino. Enigmas de
mierda.
Alguna gaviota perezosa agitó el aire sobre ellos. Todos se
sobresaltaron con el sonido. El cielo no era un lugar seguro,
después de todo.
Se vieron arrastrados por sus pies, por una marea, un lento
movimiento sin dirección consciente que los empujaba
inexorable en una misma dirección. Se abrieron paso hacia
el corazón del laberinto de basura.
Doblaron una esquina de aquel paisaje ruinoso y se
encontraron con un vaciado. Era como un claro en los
bosques, un espacio de unos quince metros de diámetro.
Alrededor de los bordes había enormes montañas de
maquinaria estropeada, restos de toda suerte de motores,
gigantescas piezas que parecían imprentas funcionales, así
como minúsculos engranajes de ingeniería de precisión.
Los cuatro compañeros se encontraban en el mismo centro
de aquel espacio. Esperaron, inquietos.
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