Page 597 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Justo detrás del borde noroeste de la montaña de
desperdicios se alzaban enormes grúas de vapor, apostadas
como grandes lagartos de los pantanos. El río aguardaba
espeso al otro lado, fuera de la vista.
Durante un instante no hubo movimiento alguno.
— ¿Qué hora es? —susurró Isaac. Lemuel y Derkhan
consultaron sus relojes.
—Casi las once —dijo el primero.
Alzaron de nuevo la mirada, pero nada se movía.
Sobre ellos, una luna gibosa serpenteaba entre las nubes.
Eran la única luz en el vertedero, una pálida luminiscencia
unidora que sangraba las profundidades del mundo.
Isaac miró hacia abajo y estuvo a punto de hablar, cuando,
de repente, un sonido llegó desde una de las innumerables
trincheras que se abrían paso a través de los enormes
arrecifes de basura. Se trataba de un sonido industrial, un
zumbido metálico, como el de un enorme insecto. Las cuatro
figuras observaron el final del túnel con una creciente y
confusa sensación de peligro.
Un gran constructo apareció en el espacio vacío. Era un
modelo diseñado para realizar labores pesadas. Se
desplazaba estruendoso sobre tres patas, apartando a patadas
piedras y trozos de metal de su camino. Lemuel, que se
encontraba casi frente a él, se alejó precavido, pero el
constructo no le prestó atención alguna. Siguió andando
hasta que llegó cerca del extremo del vacío espacio oval.
Entonces se detuvo y observó la pared norte, exánime.
Mientras Lemuel se giraba hacia Isaac y Derkhan, se
produjo otro ruido. El hampón se volvió rápidamente para
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