Page 593 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ciegos, varios juegos de correas de cuero y nueve pistolas de

            pedernal  preparadas.  Dos  de  los  cascos  eran  de  factura

            especial, uno para el vodyanoi y otro alargado para el can.

                Cada  manecro  izquierdo  dobló  a  su  anfitrión  para

            recuperar  su  casco,  mientras  los  derechos  tomaban  los

            gruesos antifaces. Rescue ajustó el yelmo a su compañero

            canino y lo apretó con fuerza, antes de cubrirse con el antifaz

            de modo que fuera incapaz de ver nada.

                Cada una de las parejas se alejó. Los derechos se aferraban

            a sus compañeros. El vodyanoi se ayudaba de la joven; la

            anciana del burócrata; el rehecho de la khepri; el niño de la

            calle se sujetaba protector al hombre musculoso; y Rescue se

            apoyaba en un perro al que ya no podía ver.

                —  ¿Están  claras  las  instrucciones?  —dijo  en  alto,

            demasiado  alejados  ya  para  hablar  la  lengua  táctil  de  los

            manecros—. Recordad el entrenamiento. Sin duda, va a ser

            una  noche  difícil  y  extraña.  Nunca  antes  se  ha  intentado.

            Izquierdos, guiad. Esa es vuestra responsabilidad. Abríos a
            vuestro compañero y no os cerréis en toda la noche. Cuidad

            la  cólera  de  batalla.  Comunicaos  también  con  los  demás

            izquierdos. A la menor señal del objetivo, lanzad la alarma

            mental a todos los izquierdos. Nos reuniremos al instante.

            Derechos, obedeced sin pensar. Nuestros anfitriones deben

            estar  siempre  cegados.  No  miréis  las  alas  por  nada  del

            mundo. Con los cascos de espejo podríamos ver, pero no

            lanzar el esputo. Por tanto, miramos siempre hacia delante.

            Esta  noche  llevamos  a  los  izquierdos  como  nuestros
            anfitriones nos llevan a nosotros, sin pensar, sin miedo, sin

            preguntas. ¿Entendido? —se produjeron sonidos mudos de

            aquiescencia. Rescue asintió—. Entonces, uníos.




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