Page 599 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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congregaban en un grupo cerrado, en un lateral de lo que casi
era ya un anfiteatro.
Isaac, Derkhan, Lemuel y Yagharek eran completamente
ignorados. Se movían juntos por instinto, inquietos ante
aquel grotesco silencio. Sus intentos por comunicarse con las
otras criaturas orgánicas eran respondidos con desprecio, con
silencio o con irritados acallamientos.
Durante diez minutos, constructos y humanos gotearon sin
cesar hacia el hueco corazón del vertedero dos. Entonces el
flujo se detuvo, casi de repente, y se hizo el silencio.
— ¿Creéis que son inteligentes? —susurró Lemuel.
—Eso creo —respondió Isaac en bajo—. Estoy seguro de
que pronto lo sabremos.
Al otro lado, las barcazas en el río hacían sonar sus bocinas
para marcar su posición a las demás. Invisible, el terrible
peso de las pesadillas se aposentó de nuevo sobre Nueva
Crobuzon y aplastó las mentes de los ciudadanos dormidos
bajo una masa de presagios y símbolos alienígenas.
Isaac podía sentir los horrendos sueños oprimiéndolo,
presionando su cráneo. Fue consciente de ellos en un
estallido, esperando en el silencio del vertedero.
Había unos treinta constructos y quizá sesenta humanos.
Cada una de las criaturas en aquel espacio, excepto Isaac y
sus compañeros, aguardaba en calma sobrenatural. El
científico sentía esa quietud extraordinaria, la espera
intemporal, como una especie de frío.
Tembló ante la paciencia colectiva de aquella tierra de
derrubio.
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