Page 600 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El suelo tembló.
Al instante, los humanos en la esquina del claro cayeron
de rodillas, ignorando los restos puntiagudos a sus pies.
Rendían obediencia murmurando complejos cánticos al
unísono, trazando sagrados movimientos de manos, como
ruedas interconectadas.
Los constructos se movieron ligeramente para ajustar su
posición, pero permanecieron en pie.
Isaac y sus compañeros se acercaron un poco más los unos
a los otros.
— ¿Qué hostias es eso? —susurró Lemuel.
Se produjo otro temblor subterráneo, una sacudida, como
si la tierra quisiera deshacerse de la basura que se
amontonaba sobre ella. En la pared norte de desechos, dos
enormes luces se encendieron en terrible silencio. La
concurrencia quedó clavada por la fría luz, que se proyectaba
en focos tan concentrados que nada se derramaba por sus
bordes. Los humanos murmuraron y trazaron sus símbolos
con aún más fervor.
Isaac quedó boquiabierto.
—Que el dulce Jabber nos proteja —susurró.
La muralla de desperdicios se estaba moviendo. Se
incorporaba.
Los muelles de colchón, las viejas ventanas, las
abrazaderas y las máquinas de vapor de las viejas
locomotoras, las bombas de aire y los ventiladores, las poleas
y correas y telares rotos caían como una ilusión óptica en una
configuración alternativa. Isaac lo había visto desde que
llegaran, pero solo ahora que lenta, atronadora,
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