Page 603 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Solo Yagharek, el guerrero del desierto, guardó silencio.
El hombre que se aproximaba a ellos caminaba desnudo y
era de una delgadez espantosa. Su rostro estaba estirado en
una permanente mueca de disforme incomodidad. Sus ojos,
su cuerpo, se sacudían convulsos como si sus nervios se
vinieran abajo. La piel parecía necrosada, sometida a la lenta
gangrena.
Pero lo que hacía temblar y gemir a los espectadores era
la cabeza. El cráneo había sido abierto limpiamente en dos
justo encima de los ojos; la tapa de los sesos había
desaparecido. Bajo el corte se advertía un borde de sangre
coagulada. Desde el húmedo interior hueco de la calavera
culebreaba un cable retorcido de dos dedos de grosor. Estaba
rodeado por una espiral de metal ensangrentado, de color
rojizo y plateado en la base, que se hundía en la raíz del
cerebro inexistente.
El tubo se alzaba hacia arriba, suspendido sobre el cráneo
del hombre. Isaac lo siguió lentamente con la mirada, atónito
y horripilado. Se curvaba hacia atrás hasta que se encontraba,
a más de seis metros de altura, con la mano de metal
retorcido del constructo gigante. Después pasaba a través de
la palma de la criatura y desaparecía en algún punto de sus
entrañas.
La mano mecánica parecía estar compuesta por un
paraguas gigante, arrancado y reconectado, adosado a
pistones y tendones de cadena, que se abría y se cerraba
como una garra cadavérica. El autómata soltaba cable poco
a poco, permitiendo al hombre acercarse hacia los intrusos
como una macabra marioneta.
A medida que el títere monstruoso se acercaba, Isaac se
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