Page 606 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El transportar a un izquierdo por el aire tenía precedentes,
aunque aquella clase de caza conjunta no se había intentado
jamás; además, volar a ciegas era absolutamente terrorífico.
El perro izquierdo extendía su mente como si fueran
dedos, como antenas que se arrastraban en todas direcciones
hasta una distancia de cien metros. Escudriñaba en busca de
lecturas extrañas en la psicosfera y susurraba suavemente al
derecho, indicándole dónde volar. El perro utilizaba los
espejos de su casco para dirigir el rumbo de su portador.
Además, mantenía enlaces extensos con cada una de las
parejas de caza.
¿algo sientes algo?, preguntaba. Con cautela, los demás
izquierdos le decían que no, que no había nada. Seguían
buscando.
El manecro de Rescue sentía el aire caliente golpear el
cuerpo de su anfitrión con infantiles bofetadas. Su pelo se
sacudía a un lado y a otro.
El perro se agitaba, trataba de ajustar su cuerpo anfitrión
en una posición más cómoda. Sobrevolaban una retorcida
marea de chimeneas, el paisaje nocturno de Prado del Señor.
Rescue se dirigía hacia Mafatón y Chnum. El izquierdo
apartó unos instantes sus ojos caninos de los espejos del
casco. Remitiendo tras él, el leviatán de marfil que eran las
Costillas definía el firmamento, empequeñeciendo los raíles
elevados. La piedra blanca de la universidad aguardaba
debajo.
En el límite exterior de su alcance mental, el izquierdo
sintió el pinchazo peculiar del aura comunitaria de la ciudad.
Su atención regresó y consultó los espejos.
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