Page 608 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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                —No  os  alarméis  por  mi  avatar  —siseó  el  hombre  sin

            cerebro a Isaac y los demás, sus ojos aún alerta, inciertos—.

            No puedo sintetizar una voz, de modo que he reclamado este

            cuerpo descartado que flotaba en el río para poder interceder

            ante la vida de sangre. Eso —el hombre señaló a su espalda,

            a la enorme y amenazadora figura del constructo que emergía

            de la basura— soy yo. Esto —golpeó su carcasa trémula—

            es mi mano y mi lengua. Sin el viejo cerebelo para confundir

            al cuerpo con sus impulsos contradictorios, puedo instalar mi
            propia  entrada.  —En  un  macabro  movimiento,  el  hombre

            alzó la mano y tocó el cable que se hundía tras sus ojos, hacia

            el muñón de carne en lo alto de la espina dorsal.


                Isaac sintió el enorme peso del constructo tras él. Se movió
            inquieto.  El  zombi  desnudo  se  había  detenido  a  unos  tres

            metros de ellos, agitando su mano espasmódica.


                — Sois bienvenidos —continuó con voz temblorosa—. Sé

            de  vuestras  obras  mediante  los  informes  de  vuestra
            limpiadora. Es uno de los míos. Deseo hablar con vosotros

            acerca de las polillas —El hombre destrozado miraba a Isaac.


                Este se volvió hacia Derkhan y Lemuel. Yagharek dio un

            paso hacia ellos. Isaac alzó la mirada y vio que los humanos

            en  la  esquina  no  dejaban  de  rezar  a  aquel  autómata

            esquelético.  Mientras  observaba,  divisó  al  técnico  que  lo
            había visitado en el almacén. El rostro del hombre era todo

            un estudio de fervorosa devoción. Los constructos que los

            rodeaban, salvo los cinco guardias a su espalda, los modelos

            de más recia construcción, seguían inmóviles.

                Lemuel se humedeció los labios.


                —Habla con él. Isaac. No seas maleducado...


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