Page 607 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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lento lento adelante y arriba, le decía al derecho de
Rescue. algo aquí esperad, susurró a través de la
conurbación a los demás cazadores. Sintió cómo los otros
daban ordenes de frenar, cómo se detenían y aguardaban su
informe.
El derecho surcó el aire hacia la zona trémula del
psicoéter. Rescue podía sentir la inquietud del izquierdo a
través de su enlace, pero se esforzó para no ser contaminado
por ella. ¡arma!, pensó, ese he sido yo. ¡nada de pensar!
El derecho atravesaba las capas de aire, sumergiéndose en
una atmósfera más tenue. Abrió la boca de su anfitrión y
preparó la lengua, nervioso y listo para lanzar su esputo
abrasador. Desplegó los brazos y apuntó la pistola.
El izquierdo tanteó la zona perturbada. Detectaba un
hambre alienígena, una gula persistente. Aquello rezumaba
el jugo de miles de mentes, saturando y contaminando la
zona de la psicosfera como la grasa de cocinar. Un vago
rastro de almas exudadas, un exótico apetito, empapaba el
cielo.
a mí a mí hermanos manecros es aquí lo he encontrado,
susurró el izquierdo hacia el otro lado de la ciudad. Un
escalofrío de trepidación compartida sacudió a los demás
nobles, cinco epicentros que cruzaron la psicosfera trazando
patrones peculiares. En Cuña del Alquitrán, en Malado, en
Barracan y en el Páramo del Queche se produjeron ráfagas
de aire cuando las figuras suspendidas volaron hacia Prado
del Señor, como arrastradas por cuerdas.
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