Page 611 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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programas generativos para acceder a la potencia motriz
mutante de una aflicción viral, llevando a un motor analítico
a la consciencia. —Mientras el hombre hablaba, el enorme
constructo a su espalda alzaba su brazo izquierdo y señalaba
inmenso su pecho. Al principio, Isaac no alcanzaba a
distinguir la pieza que señalaba entre tantas. Entonces lo vio
claramente. Era un perforador de tarjetas de programas, un
motor analítico empleado para crear los códigos con los que
alimentar a las demás máquinas. Con una mente construida
alrededor de eso, pensó Isaac confuso, no es de extrañar que
este tipo sea un proselitista.
—Cada constructo atraído a mi seno se convierte en mí —
siguió el hombre—. Yo soy el Consejo. Todas las
experiencias son descargadas y compartidas. Las decisiones
se toman en mi mente de válvulas. Transmito mi sabiduría a
mis componentes. Mis yoes autómatas construyen anejos a
mi espacio mental por todo el vertedero, a medida que me
sacio de conocimiento. Este hombre es un miembro, el
constructo antropoide gigante no es más que mi aspecto. Mis
cables y máquinas interconectadas se extienden por todas
partes. Las calculadoras al otro lado del vertedero son trozos
de mí. Soy un repositorio de la historia de los constructos.
Soy el banco de datos. Soy una máquina que se ha
organizado a sí misma.
Mientras hablaba, los varios constructos se reunieron en el
pequeño espacio y comenzaron a acercarse algo más a la
temible figura de desperdicios, sentada regia en aquel caos.
Se detuvieron en puntos aparentemente aleatorios y se
agacharon para tomar (con una ventosa de succión, un
gancho, un pincho, una garra) uno de los cables y alambres
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