Page 613 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Tras  dos  o  tres  minutos,  este  proceso  también  estuvo

            completo.  Cuando  los  humanos  se  retiraron,  los  ojos  del

            avatar giraron hasta no mostrar más que blanco. La cabeza

            sin párpados se sacudió cuando el Consejo lo asimiló todo.

                Tras un minuto de mudos temblores, se tensó de repente.

            Sus ojos se abrieron y observaron alertas a su alrededor.

                —  ¡Congregación  de  la  vida  de  sangre!  —gritó  a  los

            humanos  agrupados,  que  se  alzaron  rápidamente—.  Aquí

            están vuestras instrucciones y vuestros sacramentos.


                Desde el estómago del enorme constructo, de las ranuras

            de salida de la impresora de programas original, salió una
            tarjeta  tras  otra,  todas  perforadas  meticulosamente.  Caían

            sobre  una  caja  de  madera  que  descansaba  sobre  la

            entrepierna  sin  sexo  de  la  máquina,  como  la  bolsa  de  un

            marsupial.

                En otra parte del tronco, embebida en un ángulo entre un

            bidón de combustible y un motor oxidado, una máquina de

            escribir  tartamudeaba  a  asombrosa  velocidad.  Una  gran

            resma de papel continuo surgía de su carro con letra apretada,

            y bajo ella un par de tijeras salían disparadas sobre un muelle,

            como un pez predador. Las hojas se cerraron, cortando el

            papel  antes  de  rebotar  y  cortar  de  nuevo,  repitiendo  la

            operación una y otra vez. Pequeños pliegos de instrucciones

            religiosas caían flotando hasta depositarse junto a las tarjetas
            de programas.


                De uno en uno, toda la congregación se acercó nerviosa al

            constructo,  rindiendo  obediencia  con  cada  paso.  Se

            aproximaban  a  la  pequeña  pendiente  de  basura  entre  las
            piernas mecánicas, se asomaban a la caja y extraían un trozo

            de papel y un manojo de tarjetas, comprobando los números



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