Page 618 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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gran  embudo  conectado  a  una  suerte  de  máquina  portátil.

            Saltó  sobre  los  hombros  de  Isaac,  apresándolo

            dolorosamente con los dedos de los pies y encasquetándole

            el yelmo en la cabeza.

                Isaac pugnó y gritó, pero inmovilizado como estaba por

            aquellos brazos poderosos no podía liberarse. Unos segundos

            después, el casco tenía el casco pegado a la cabeza. Le tiraba

            del pelo y le arañaba la cabellera.

                —Soy  la  máquina  —dijo  el  muerto  desnudo,  danzando

            insensible de una roca a un motor, a una botella rota—. Lo

            que aquí se descarta es mi carne. La arreglo más rápido de lo

            que tu cuerpo restaña las heridas y los huesos rotos. Todo

            aquí se da por muerto. Lo que no está aquí lo está pronto, o

            mis adoradores me lo traen, o puedo construirlo. El equipo
            en  tu  cabeza  es  una  pieza  como  la  empleada  por  los

            canalizadores y videntes, los comunicadores y psiconautas

            de  todas  clases.  Es  un  transformador.  Puede  canalizar,

            redirigir  y  amplificar  las  descargas  psíquicas.  En  este

            momento,  está  dispuesto  para  aumentar  e  irradiar.  Lo  he

            ajustado.  Es  mucho  más  fuerte  que  los  que  se  usan  en  la

            ciudad.  ¿Recuerdas  que  la  Tejedora  te  de  advirtió  que  la
            polilla  que  criaste  te  está  buscando?  Es  una  tullida,  una

            proscrita enana. No puede rastrearte sin ayuda. —El hombre

            miró a Isaac. Derkhan gritaba algo al fondo, pero Isaac no

            atendía, no podía apartar la mirada de los ojos del avatar—.

            Verás lo que podemos hacer. Vamos a ayudarla.


                Isaac no oyó su propio alarido ultrajado. Un constructo se
            acercó y encendió la máquina. El casco vibró y zumbó con

            tal fuerza que le dolieron los oídos.


                Las ondas de la impronta mental de Isaac pulsaron hacia



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