Page 622 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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miembros serrados, lanzaba destellos y cortaba. Sus enormes
dientes mascaban el aire.
Parecían combatir a un espectro. Su enemigo entraba y
salía del espacio convencional, una forma evanescente como
el humo, solidificándose y desapareciendo como una
sombra. Era como si una vasta pesadilla arácnida atravesara
las realidades entretejidas y atacara a las polillas con crueles
lanzas de quitina.
¡Tejedora!, advirtió uno de los izquierdos, mientras
ordenaba a los derechos que se retiraran lentamente de
aquella tángana acrobática.
Las otras polillas giraban alrededor de su hermana,
tratando de ayudarla. Se turnaban para atacar, siguiendo un
código impenetrable. Cuando la Tejedora se manifestaba
podían golpearla, atravesar su armadura liberando goterones
de icor antes de que desapareciera. A pesar de sus llagas, la
araña arrancaba grandes coágulos de carne y sangre espesa
de las frenéticas bestias.
La polilla y la araña se atacaban en una extraordinaria
confusión de violencia, con acometidas y paradas demasiado
rápidas como para ser vistas.
Al alzarse, las polillas rompieron la cobertura onírica
sobre la ciudad. Alcanzaron el nivel del cielo en donde
aquellas ondas mentales habían confundido a los manecros.
Era evidente que las criaturas también podían sentirlas. Su
formación apretada se rompió en una momentánea
confusión. La menor de las polillas, de cuerpo retorcido y
alas malformadas, se apartó de la masa y desenrolló su
lengua monstruosa.
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