Page 623 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El enorme apéndice palpitó antes de volver a las fauces

            goteantes.

                Con un vuelo errático la criatura giró en el aire y trazó un

            círculo alrededor de la Tejedora y de su presa; titubeó en el

            aire y comenzó a descender hacia el este, hacia el Meandro

            Griss.

                La deserción del redrojo confundió a las polillas, que se

            separaron  en  el  cielo,  girando  las  cabezas  y  agitando  las

            antenas al azar.


                Los hechizados izquierdos se retiraron alarmados.

                ¡ahora!, decía uno, confusas y ocupadas, ¡atacamos con

            la Tejedora!

                Vacilaban sin remedio.


                preparado para esputo, dijo el perro manecro a Rescue.

                Mientras  las  polillas  se  alejaban  las  unas  de  las  otras,

            apartándose cada vez más de la lucha en el centro, viraron en

            el aire. Los izquierdos gritaron.


                ¡ahora!, ordenó uno, el parásito del enjuto burócrata, con

            un frenesí indeleble en su voz. ¡ataque!

                La  anciana  humana  avanzó  de  repente,  como  si  el

            temeroso  izquierdo  ordenara  a  su  derecho  una  repentina

            descarga  de  velocidad.  Justo  en  ese  momento,  una  de  las

            polillas se giró y se quedó congelada, encarada con la pareja
            de manecros y sus anfitriones.


                En ese momento, las otras dos polillas se coordinaron y

            una  de  ellas  arrojó  una  enorme  lanza  de  hueso  hacia  el

            abdomen  distendido  de  la  Tejedora.  Mientras  la  enorme

            araña  se  retiraba,  la  otra  le  apresaba  el  cuello  con  un

            tentáculo  segmentado.  La  araña  desapareció  de  la  noche


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