Page 619 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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la noche. Atravesaron el pellejo maligno de los malos sueños
que atoraban los poros de la ciudad y salieron disparados
hacia la atmósfera.
La nariz de Isaac comenzó a sangrar. Le dolía la cabeza.
Cientos de metros sobre la ciudad, los manecros se
congregaban en el Prado del Señor. Los izquierdos
rastreaban con cuidado la estela psíquica de las polillas.
ya rápido ataque antes de sospecha, urgía uno pugnaz.
prisa precaución, intimaba otro, rastrear con cuidado y
seguir hallar nido.
Disputaban con rapidez, en silencio. El pentavirato de
derechos flotaba colgado en el aire, con un noble izquierdo
cada uno. Los primeros guardaban un silencio respetuoso
mientras los segundos debatían la táctica.
ya lento, aceptaron. Con la excepción del perro, todos
alzaron el brazo de sus anfitriones, apuntando con cuidado la
pistola. Avanzaron lentamente por el aire, como una
fantástica partida de caza, peinando la agitada psicosfera en
busca de rastros de la consciencia de las polillas.
Siguieron la pista de salpicaduras oníricas en una espiral
retorcida sobre Nueva Crobuzon y luego se desplazaron
lentamente en un pasadizo curvo hacia el cielo sobre Hogar
de Esputo, hacia Shek y hacia el sur del Alquitrán, en Piel
del Río.
Mientras su senda se rizaba hacia el oeste, percibieron
oleadas de emanaciones psíquicas procedentes del Meandro
Griss. Por un instante, los manecros se sintieron confusos.
Flotaron e investigaron aquella sensación de reflujo, pero
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