Page 620 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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pronto quedó claro que se trataba de radiaciones humanas.
algún taumaturgo, intimó uno.
no es asunto nuestro, aceptaron sus camaradas. Los
izquierdos ordenaron a sus monturas derechas que
prosiguieran con el rastreo aéreo. Las pequeñas figuras
flotaban como motas de polvo sobre las vías elevadas de la
milicia. Los izquierdos giraban la cabeza inquietos de un
lado a otro, escrutando en cielo vacío.
De repente se produjo una fuerte oleada de exudaciones
ajenas. La tensión superficial de la psicosfera se infló con la
presión, y aquella repugnante sensación de codicia
alienígena rezumó a través de sus poros. El plano psíquico se
había espesado con el efluvio glutinoso de mentes
incomprensibles.
Los izquierdos se encogieron en un ataque de miedo y
confusión. ¡Era tanto, tan fuerte, tan rápido...! Se agitaron en
la espalda de sus monturas. Los enlaces que habían abierto
con los derechos se inundaron de repente con una marea
psíquica, pues los sirvientes se vieron acosados por el terror
desbordado de sus señores.
El vuelo de las cinco parejas se tornó errático, y flotaron
por el aire sin formación alguna.
viene, gritó uno, mientras se producía un revoltijo de
confusas y temerosas respuestas.
Los derechos trataron de recuperar el control de su vuelo.
En un estallido simultáneo de alas, cinco oscuras y
crípticas figuras se lanzaron desde un oscuro nicho en la
abigarrada confusión de los tejados de Piel del Río. Los
aleteos chasqueantes de aquellas membranas enormes
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