Page 625 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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mientras  caía  como  un  ancla  hacia  la  ciudad.  Los  demás

            manecros viraron para ver por sus espejos, y con un coro de

            gritos se encontraron frente a otra polilla.

                El  ser  había  volado  hacia  ellos  mientras  buscaban  a  su

            hermana, de modo que cuando se volvieron estaba frente a

            sus ojos, claramente visible con las alas extendidas, lejos del

            alcance de los espejos.

                El joven izquierdo logró cerrar los ojos de su anfitrión y

            ordenar  al  derecho  que  girara  y  escupiera.  El  aterrado

            derecho, en el cuerpo del niño pequeño, trató de obedecer y

            lanzó una andanada de gas llameante en una espiral cerrada

            y alcanzó a la pareja de manecros junto a él en el aire.

                El rehecho y su izquierda khepri gritaron físicamente al

            prender  sus  anfitriones.  Se  desplomaron  hacia  tierra,

            inmolados en una cruel agonía, gritando hasta morir a medio

            camino, su sangre bullendo y sus huesos fracturándose por el

            intenso calor, antes de golpear la superficie del Alquitrán.

            Desaparecieron bajo las sucias aguas con una descarga de
            vapor.


                La  mujer  izquierda  flotaba  embrujada,  con  los  ojos

            vidriados por la atronadora tormenta de patrones en las alas

            de la polilla asesina. La repentina eflorescencia hipnótica de

            los sueños del izquierdo se deslizó a través del canal con su

            montura derecha. El manecro vodyanoi se encogió ante la
            extraña  cacofonía  de  una  mente  que  se  desplegaba.

            Comprendió lo que había sucedido, gimió aterrado con la

            boca de su anfitrión y bregó con las correas que adosaban al

            izquierdo a su espalda. Cerró los ojos de vodyanoi, aun a

            pesar de su antifaz.

                Mientras luchaba, el miedo le hizo escupir sin ton ni son,



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