Page 646 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Isaac, Derkhan y Yagharek se levantaron para marchar.
Estaban agotados y con distintos grados de dolor, desde las
rodillas y las manos despellejadas por el suelo picudo, hasta
la cabeza palpitante de Isaac. Estaban cubiertos de mugre y
grima, de un polvo denso como el humo. Parecía que
hubieran sido abrasados.
Guardaron los espejos y el material para los cascos en un
lugar que pudieran recordar del vertedero. Isaac y Derkhan
miraron confusos el paisaje a su alrededor, totalmente
distinto a la luz del día; el ambiente amenazador se tornó
patético, y las formas siniestras se revelaron como cochecitos
de niño y colchones rotos. Yagharek levantaba bien los pies
envueltos, trastabillando un tanto, deshaciendo sin titubeos
el camino por el que habían venido.
Isaac y Derkhan se le unieron. Estaban totalmente
exhaustos. El rostro de la mujer estaba demudado, y sentía
un terrible dolor en la oreja amputada. Cuando estaban a
punto de desaparecer tras la muralla cambiante de basura, el
avatar los llamó.
Isaac oyó las palabras del ser y frunció el ceño; se alejó de
la presencia del Consejo con sus compañeros, recorriendo los
canales de desechos industriales y saliendo poco a poco a las
zonas iluminadas del Meandro Griss. La advertencia del
autómata permaneció con él y la rumió cuidadosamente, una
y otra vez.
—No puedes proteger todo cuanto portas, der
Grimnebulin. En el futuro, no dejes tus cosas más preciadas
junto a las vías del tren. Tráeme tu motor de crisis —le había
dicho—... por seguridad.
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