Page 643 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Mientras el avatar hablaba, Isaac fue alcanzado por una
repentina revelación.
Estaba rumiando los problemas, pensando en modos de
entrar en el Invernadero, cuando comprendió asombrado que
había un modo muy sencillo. Recordó el exasperado consejo
de Lemuel: «Déjaselo a los profesionales».
Había ignorado la idea con irritación, pero ahora se daba
cuenta de que podía hacer exactamente eso. Había mil modos
de advertir a la milicia de forma indirecta: el Estado
facilitaba el trabajo de los informadores. Ahora sabía dónde
se encontraban las polillas; podía contárselo al gobierno, con
todo su poder, sus cazadores y científicos, sus inmensos
recursos. Podía decirles dónde anidaban aquellos monstruos
y escapar. La milicia los cazaría por él y recuperarían a
aquellas aberraciones. La polilla que lo perseguía estaba
muerta: no tenía especiales motivos para tener miedo.
No dejaba de rondarle por la cabeza.
Pero nunca fue, ni siquiera por una fracción de segundo,
una tentación.
Recordó el interrogatorio de Vermishank. El hombre
había intentado no mostrar su miedo, pero era evidente que
no confiaba en la capacidad de la milicia para capturar a las
polillas. Y ahora, en el Consejo de los Constructos, Isaac se
enfrentaba por primera vez a la fuerza que había demostrado
poder terminar con aquellos predadores impensables. Era un
poder que no trabajaba para el Estado, sino que les ofrecía
sus servicios a él y a sus compañeros... o los emplearía por
su cuenta.
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