Page 645 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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secuencia de acciones. Con creciente asombro, Isaac y
Derkhan comprendieron que tenían una especie de plan.
Mientras hablaban, el Consejo envió a sus partes móviles
a las profundidades del vertedero. Allí revolvieron invisibles
entre las montañas de basura para reaparecer portando cables
doblados, sartenes rotas y coladores, incluso uno o dos
cascos rotos y grandes pilas de fragmentos de espejo.
— ¿Podéis encontrar un soldador, o un
metalotaumaturgo? —preguntó el avatar—. Debéis construir
cascos defensivos —describió los espejos que debían montar
frente a las líneas de visión.
—Sí—dijo Isaac—. Volveremos mañana por la noche
para confeccionarlos. Y entonces tendremos un día para...
para prepararnos, antes de entrar.
Mientras la noche seguía floreciendo, los diversos
constructos comenzaron a alejarse. Regresaban a las casas de
sus amos lo bastante pronto como para que sus escapadas
nocturnas pasaran desapercibidas.
La luz del día llegó, y con ella el sonido gutural de los
trenes. Comenzó el estridente y sucio diálogo matutino de las
familias de las barcazas, que se gritaban de una balsa a otra
junto a la basura. El primer turno de los trabajadores se
dirigía hacia sus fábricas para humillarse ante las vastas
cadenas, las máquinas de vapor y los roncos martillos de
aquellas catedrales profanas.
Solo quedaban cinco figuras en el claro: Isaac y sus
compañeros, la espantosa aparición que hablaba por el
Consejo de los Constructos y el enorme autómata en sí,
moviendo despacioso sus miembros segmentados.
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