Page 644 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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No estaba seguro de cuáles eran las motivaciones del
Consejo, sus razones para permanecer en la sombra, pero le
bastaba saber que aquella arma no debía estar en manos de
la milicia. Y era la mejor oportunidad para la ciudad. No
podía negarlo.
Eso era una cosa.
Pero había algo mucho más poderoso, algo enraizado en
sus tripas, algo mucho más básico. El odio. Miraba a
Derkhan y recordaba por qué era su amigo. Su expresión se
torció.
No confiaría en Rudgutter, pensó fríamente, aunque ese
asesino hijo de puta jurara por el alma de sus hijos.
Si el estado encontraba a las polillas, pensó, haría todo
cuanto estuviera en su mano para volverlas a capturar,
porque su valor era enorme. Podrían barrerlas de los cielos
nocturnos, podrían contener el peligro, pero una vez más
serían encerradas en un laboratorio, vendidas al mejor postor
en una espantosa subasta, regresando a sus propósitos
comerciales.
De nuevo serían exprimidas. Y alimentadas.
Por mal preparado que estuviera para buscar a aquellos
seres y destruirlos, sabía que tenía que intentarlo. No podía
coquetear con las alternativas.
Hablaron hasta que la oscuridad comenzó a arrastrarse
desde el firmamento oriental. Se hicieron sugerencias
tentadoras, todas condicionadas. Pero aun lastrados por
cientos de posibilidades abiertas, aquellos esbozos crecían y
cobraban forma. Poco a poco comenzaba a sugerirse una
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