Page 697 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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movimiento extraño. Devolvía su atención a menudo hacia
la trinchera de agua estancada donde habían fijado su punto
de reunión.
No había señal de la banda de intrusos.
A medida que la noche se hacía más profunda, las calles
se limpiaron a extraordinaria velocidad. Los cactos volvían
a sus casas. El bullicioso asentamiento se vació y quedó
reducido a un pueblo fantasma en poco más de media hora.
Las únicas figuras que quedaban en las calles eran las
patrullas armadas, que se movían nerviosas. Las luces de las
ventanas se apagaban al cerrarse los postigos y echarse las
cortinas. No había farolas de gas en aquellas avenidas.
Yagharek observó a los lampareros recorrer las calles,
alzando sus pértigas encendidas para prender antorchas
empapadas de aceite, colgadas a tres metros del pavimento.
Cada uno de ellos era acompañado por una patrulla
inquieta, pugnaz y furtiva.
En lo alto del templo central, un grupo de ancianos se
movía alrededor del mecanismo, activando palancas y
tirando de manubrios. Las enormes lentes en la coronación
del artefacto giraban hacia abajo sobre sus enormes bisagras.
Yagharek se fijó con cuidado, pero no podía discernir lo que
estaban haciendo o para qué era la máquina. Espiaba sin
comprender mientras los cactos giraban el objeto sobre los
ejes vertical y horizontal, comprobando y ajustando niveles
según oscuras calibraciones.
Sobre la cabeza del garuda, dos de los constructos
chimpancé se aferraban firmes al metal. El otro se encontraba
unos metros más abajo, colgado de una viga paralela a la del
garuda. Estaban inmóviles, esperando a que él reanudara la
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