Page 696 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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En el exterior de la cúpula, el cielo se oscurecía
inexorable. Con la llegada de la noche, los brillantes rayos
que emanaban desde el globo de cristal del ápice quedaron
apagados. El Invernadero se tornaba de repente más oscuro
y fresco, aunque se conservaba gran parte del calor. En el
domo, la temperatura seguía siendo mucho más alta que en
el resto de la ciudad. Las luces de las antorchas y los edificios
del interior se reflejaban sobre el vidrio. Para los viajeros que
contemplaban la ciudad desde la Colina de la Bandera, para
los moradores de los suburbios que oteaban desde las torres
de pisos del Queche, para el oficial que observaba desde el
tren elevado y para el conductor de los trenes de la línea Sur,
el Invernadero parecía hincharse y tensarse distendido por la
luz a través de las columnas de humo, sobre el brumoso
paisaje de tejados de la ciudad.
A medida que llegaba el ocaso, el lugar comenzaba a
brillar.
Aferrándose al metal en la piel interior de la cúpula,
discreto como el chasquido más infinitesimal, Yagharek
flexionó lentamente los brazos. Estaba sujeto a un pequeño
nudo de hierros a un tercio de la altura de la cúpula. Su altitud
todavía le permitía ver con facilidad las azoteas y la
mezcolanza de arquitecturas por todas partes.
Su mente estaba sumida en el yajhu-saak. Respiraba
despacioso, regular. Seguía con su búsqueda predadora,
moviéndose sus ojos sin descanso de un punto a otro, sin
perder más de un instante en cada lugar, construyendo un
cuadro compuesto. En ocasiones desenfocaba para
contemplar el conjunto de los tejados, alerta ante cualquier
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