Page 695 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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La expresión de Shadrach era firme. Yagharek tenía razón.
Era impensable que Isaac fuera capaz de bajar por aquella
peligrosa estructura de hierro.
Asintió, hizo un gesto de despedida a los espejos del
garuda y regresó hacia la escalera, descendiendo a buena
velocidad hasta perderse de vista.
Yagharek se volvió y miró los últimos rayos del sol.
Inspiró profundamente y giró los ojos a izquierda y derecha
para comprobar su visión en los espejos. Se calmó por
completo.
Respiró con el ritmo lento del yajhu-saak, el ensueño del
cazador, el trance marcial de los garuda del Cymek. Se
compuso.
Tras algunos minutos llegó el sonido del metal y el cable
sobre el cristal, y, uno tras otro, tres constructos simiescos
aparecieron, acercándose desde distintas direcciones. Se
reunieron a su alrededor y aguardaron, mientras sus lentes de
cristal brillando rosadas en el ocaso y sus pequeños pistones
siseaban al moverse.
Yagharek giró y los valoró a través de los espejos.
Después, aferrando la cuerda con cuidado, comenzó a
descender por el boquete en el cristal. Gesticuló a los
constructos para que lo siguieran y se perdió por la grieta. El
calor del domo lo rodeó, se cerró sobre su cabeza a medida
que descendía hacia la ciudad abovedada, hacia las casas
sumergidas en luz roja, a medida que el prístino globo
magnificaba y dispersaba los rayos de poniente hacia la
guarida de las polillas.
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