Page 698 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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marcha.

                Yagharek esperó.




                Dos  horas  tras  la  puesta  del  sol,  el  cristal  de  la  cúpula

            parecía negro. Las estrellas eran invisibles.


                Las  arterias  del  Invernadero  cacto  relucían  con  una

            inhóspita luz sepia. Las patrullas se tornaron sombras en las

            calles oscuras.

                No había más sonido que las connotaciones del fuego, las

            suaves  protestas  de  la  arquitectura  y  los  susurros.  Luces

            ocasionales brillaban como fuegos fatuos entre los ladrillos,

            para enfriarse poco a poco.

                Seguía sin haber señal de Lemuel, Isaac y los otros. Una

            pequeña parte de Yagharek se sentía infeliz por ello, pero en

            su mayoría seguía enclaustrado, concentrado en la técnica de

            relajación del trance cazador.

                Aguardó.


                En  algún  momento  entre  las  diez  y  las  once,  oyó  un

            sonido.

                Su  atención,  que  se  había  extendido  hasta  bañarlo  por

            completo,  para  saturar  su  consciencia,  se  concentró  al

            instante. Contuvo el aliento.

                Otra vez. El más leve murmullo, un chasquido como el de

            la ropa al viento.

                Giró el cuello y miró en dirección al ruido, hacia la masa

            de calles, hacia la temible oscuridad.


                No hubo respuesta desde la torre de vigía en el centro del

            Invernadero. La imaginación de Yagharek comenzó a correr




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