Page 701 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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brumoso filtro de su trance de cazador. Y aquella vez era
difusamente consciente de la euforia, así como del miedo.
Sabía dónde anidaban las polillas.
Ahora que había descubierto lo que buscaba, Yagharek
quería descender lo más rápido posible por las entrañas de la
cúpula, retirarse del mundo de las polillas, salir de las alturas
expuestas y ocultarse en tierra, bajo los grandes aleros. Pero
moverse rápido, comprendió, era arriesgarse a atraer la
atención de las criaturas. Tenía que esperar, balanceándose
apenas, sudando, silencioso e inmóvil, mientras los seres
monstruosos se arrastraban hacia la profunda oscuridad.
La segunda polilla saltó sin el menor sonido al aire,
planeando sobre las alas extendidas durante un segundo
antes de aterrizar sobre los huesos de metal del Invernadero.
Yagharek aguardó, paralizado.
Pasaron varios minutos antes de que apareciese la tercera.
Sus hermanas casi habían alcanzado el ápice de la bóveda,
tras una larga y sigilosa escalada. La recién llegada estaba
demasiado ansiosa para eso. Se incorporó sobre la misma
ventana de la que habían surgido las otras, aferrando el
marco, equilibrando su masa compleja en el borde de
madera. Entonces, con un chasquido audible, aleteó hacia
arriba, hacia el cielo.
Yagharek no estaba seguro de dónde procedió el siguiente
sonido, pero creyó oír el susurro de las otras dos polillas,
desaprobando o advirtiendo a su apresurada hermana.
Hubo un zumbido de respuesta. En la quietud del toque de
queda del Invernadero, se oyó fácilmente el sonido de los
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