Page 705 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Y entonces, con un soplido de viento y una respiración

            lasciva, sexual, los cactos en la cima del templo descubrieron

            que no habían alcanzado a la polilla: esta se había apartado

            en  una  cerrada  maniobra  zigzagueante  y  se  había  situado
            fuera del alcance de la lanza solar. Había volado tan cerca de

            los edificios que hubiera podido tocarlos, para escalar hasta

            la pirámide, lentamente, y aparecer de forma magistral con

            las alas extendidas en su totalidad, sus patrones brillando a

            su alrededor como feroces y complejos fuegos oscuros.


                Hubo un instante en que uno de los ancianos chilló. Hubo
            una fracción de segundo en la que el cabecilla trató de situar

            la  lanza  solar  en  posición  para  convertir  al  monstruo  en

            fragmentos chamuscados. Pero no podían hacer otra cosa que

            mirar las alas desplegadas ante ellos; sus gritos, sus planes,

            se evaporaron al ser invadidas sus mentes.

                Yagharek observaba por los espejos, sin querer ver lo que

            sucedía.


                Las dos polillas que aún se aferraban al techo de la cúpula
            se descolgaron de repente y se dejaron caer hacia el suelo

            para  reírse  en  el  último  momento  de  la  gravedad  con  un

            sorprendente planeo curvo. Ascendieron por los empinados

            escalones de la pirámide roja como diablos surgidos de la

            tierra y se manifestaron junto a la transfigurada horda cacta.


                Uno se acercó con sus zarcillos de carne y los empleó para
            enredar la gruesa pierna de uno de los cactos. Sus brazos

            delgados,  cuajados  de  garras  avariciosas,  mordieron  sin

            respuesta la carne; cada polilla eligió a una de las víctimas

            hechizadas.

                En  tierra,  las  luces  se  agitaban  confusas.  Las  patrullas

            corrían en círculos, gritándose las unas a las otras, apuntando



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